Don Marcelino Gutiérrez Gómez
Texto: Luis Gómez Bello

Presentar en GB Magazine la vida y obra de distinguidos personajes quienes se nos adelantaron en el viaje eterno, tiene dos fines fundamentales: rendirles un homenaje póstumo y dar a conocer sus acciones y estrategias de trabajo, además de esa fuerza interior llamada carácter, que los condujo al éxito en todos sus aspectos, con la intención de inspirar a quienes en algún momento se pudieran sentir desalentados por los tropiezos que suele haber en la vida.

Tal es el caso de don Marcelino Gutiérrez Gómez, quien nació el 8 de marzo de 1928 en la Ciudad de México, donde vivió hasta los cuatro años de edad, cuando sus padres decidieron retornar a su lugar de origen en la provincia de Santander, España. Don Marcelino fue el tercer hijo de don Abel Gutiérrez Sánchez y doña María Gómez Anzorena, quienes tuvieron además a Guadalupe, Teresa, Gloria y Mari Cruz. Don Marcelino realizó sus estudios de primaria y superiores en la escuela La Colegiata de Santillana del Mar, en Santander. Al cumplir los 16 años, debió interrumpir sus estudios por diversas circunstancias familiares y, con el diploma de Perito Mercantil (auxiliar contable), en 1944 se embarcó al puerto de Veracruz, con el objetivo de trabajar y salir adelante en una vida llena de incertidumbre, retos y sacrificios.

Al llegar a Veracruz, entra a trabajar en la Galvanizadora Nacional de la familia Cobo, donde laboró hasta 1952 desempeñando diferentes responsabilidades. En ese año su padre, don Abel, decide retornar a su tierra natal y lo deja encargado de la ferretería, la cual, en 1946, habían comprado en sociedad con don Juan Cobo al señor Aguirre. Con sólo las llaves de la tienda y un altero de catálogos de productos, don Marcelino inició un nuevo reto que sacó adelante con ese carácter y responsabilidad que lo distinguía. Dos años después retornó su padre, don Abel, y, debido a los buenos resultados que obtuvo don Marcelino en su gestión, los socios de la empresa lo nombraron gerente general.

Como era de esperarse, el amor tocó a su puerta y se enamoró de Margarita Ruiz Haces, quien sería la mujer que lo acompañaría el resto de su existencia, ya que se casó con ella el 6 de abril de 1953, y tuvieron cinco hijos: Mayín, Marcelino, Abel, Luis Ignacio y Angelines, a quienes formaron inculcándoles buenos principios.

Ya consolidado el liderazgo y prestigio de El Diamante, los socios y don Marcelino como tal, decidieron construir, en 1961, el edificio GalDi (Galvanizadora-Diamante) –el más alto de Veracruz en esa época, con diez niveles– en el mismo terreno que ocupaba la ferretería. Don Marcelino fue quien se encargó de la enorme construcción con la dificultad de hacerlo sin cerrar un solo día la tienda, que ocupaba la planta baja durante el desarrollo de la obra, algo que pudiera pensarse imposible; sin embargo, eran los retos que él siempre superaba con la tenacidad que lo caracterizaba.

En 1982 decidió, junto con sus hijos, y de acuerdo con los socios, disolver la sociedad con la familia Cobo-Losey para iniciar una nueva etapa de la ferretería El Diamante.

Don Marcelino se distinguió como un visionario para los negocios, entre los que se destacaron las inversiones en inmuebles y otros giros comerciales afines al ramo ferretero. Fue reconocido como un hombre serio, tenaz, trabajador, responsable, de carácter recio pero muy amable, generoso y leal, por lo que fue muy querido y respetado por la sociedad veracruzana. Participó en diversas instituciones empresariales y educativas, clubes sociales y deportivos, además de ayudar a un sinnúmero de personas y colaboradores en distintas formas. Fue, además, presidente de la Cámara Nacional de Comercio, Servicios y Turismo en 1967. Sobresalió, asimismo, como socio fundador del Club de Golf La Villa Rica y como consejero de varias instituciones bancarias y grupos empresariales.

Era aficionado al futbol, el cual practicó en su juventud, y uno de sus pasatiempos favoritos fue la pesca deportiva. Al participar en el Torneo de Sábalo del Club de Yates Veracruz, en mayo de 1967, obtuvo el primer lugar con once ejemplares capturados. También disfrutaba grandes momentos con los amigos en la práctica dominical del golf.

Dios le dio el tiempo y la salud para lograr sus objetivos, pues luego de haber cumplido sus metas, de haberse consolidado como empresario con liderazgo en la comunidad, como padre de familia ejemplar y, en resumen, como una persona íntegra, don Marcelino falleció el 25 de enero de 1999, aquejado por la terrible enfermedad del cáncer, pero con mucha tranquilidad y plenitud. Descanse en paz.


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